Alzheimer: Soledad en Compañía. Una Invitación a Comunicarnos

Constantemente nos  hablan de  los beneficios de una comunicación efectiva, nos hablan de asertividad, de la importancia de saber escuchar, de comprender y de la consistencia que debe existir entre  nuestro lenguaje corporal y verbal. Sin embargo, esto que es tan útil en la vida diaria, no funciona igual cuando nuestro interlocutor presenta Alzheimer, tiene trastornos en el lenguaje, constantes olvidos e incluso no es capaz de reconocer a quienes tiene en frente, ni el lugar donde está.

El alzheimer va avanzando y como cuidadores tenemos que estar atentos.

Como consecuencia  esa persona –generalmente un ser querido- no  logra comprender nuestros mensajes, incurre en incoherencias y  no logra dar nombre y significado a lo que quiere expresar,  llegando un minuto en que no sabemos qué  hablar, y menos aún, qué quiere expresar.

Confusión, aislamiento e impacto emocional.

El impacto emocional de esta situación sobre un hijo/a o un/a cónyuge que se va paulatinamente transformando en cuidador, le genera frustración, pena, rabia y un irremediable agobio y sufrimiento. Por otra parte,  la persona  mayor que padece este mal se comienza a aislar, dificulta los vínculos,  y comienza a recluirse en su mundo, el cual en muchas ocasiones puede hacerla sentirse infeliz.

¡Conoce aquí algunas medidas de mitigación!

Esta dificultad de comunicación va generando una situación, aparentemente contradictoria pero cierta y dura, de la soledad de dos en compañía. Conviven, es cierto, pero paulatinamente tienden a ser dos mundos apartes.

En esta oportunidad, nos enfocaremos a entregar algunas  estrategias de comunicación efectiva para aminorar el  agobio del cuidador, el malestar del paciente y promover una conexión con la persona por sobre, o a pesar de, la enfermedad.

  • La regla número uno es no apliques la lógica, ya que lo que para usted es obvio, para su familiar no lo es, y debe entonces aprender a escuchar, escuchar siempre.
  • Cuando te acerques a la persona, identifícate, logra y mantén el contacto visual, y evita hablarle por detrás.
  • En fase temprana, ayúdale en el encuentro de palabras o nombres, no digas “no te acuerdas”. Sin embargo, esa “ayuda” no debe impedir que la persona desmemoriada pueda buscar la palabra que le falta, o emplear otra estrategia que le permita lograr lo que quiere expresar.
  • Háblale despacio, en forma simple y clara. La persona con Alzheimer toma más tiempo en procesar la información (en etapas tempranas), así tendrás más posibilidades de que entienda lo que tu quieres decirle.
  • Divide la tarea en partes más simples, dando instrucciones de a una. Por ejemplo, papá ponte la camiseta, ahora los pantalones. No le digas, papá vístete.
  • Respóndele sus preguntas, si insiste en forma reiterada. Cámbiale el foco de atención. Para ello es importante, conocer su identidad biográfica, así podrás  cambiar el foco de atención o dar continuidad a la historia que te relate tu familiar o a la palabra que te mencione.
  • Anda adelante con la realidad de la persona, intérnate en su mundo.
  • Simplifica su lenguaje, anda directamente al punto sin tantas explicaciones.
  • Plantea tus ideas en forma positiva, de esta forma podemos guiar a la persona hacia el resultado que queremos lograr. Evite decir “no pongas tus manos en la comida”, cambia por “coloca tus manos en tu falda”, mostrándosela. No comiences las frases con un NO, de esa manera estas negando lo que está sucediendo o sintiendo, por ejemplo “No llores” “ No te preocupes”
  • Evita realizar preguntas. No preguntes ¿qué quiere comer? sino díle: “hoy comeremos cazuela”. Frente a los interrogatorios, la persona puede sentir frustración, incomodidad e incluso molestia. En caso que sea necesario, limita las opciones, en vez de decir  ¿qué quiere almorzar?, reemplaza por ¿Quiere tomate o sopa?.
  • No infantilices, no le hable como a un bebé. ¡Es un adulto!
  • Evita el nosotros, por ejemplo “tenemos que peinarnos”, cámbielo por “to voy a peinar”.
  • Sonríe y expresa un sentido del humor, sonreír es tan importante para ti como para la persona afectada con Alzheimer. No olvides, ríe CON la persona, no DE la persona.
  • Borra la frase “te acuerdas ¿tu de…? Puede decir “ella es Francisca tu nieta”.
  • Detecta palabras que le puedan causar inquietud o malestar,  para no evitar corregir, dado que dejas a la persona en evidencia que se equivocó.

Escuchar, respetar y  promover que hable la persona, es validar su dignidad como ser humano. Centrémonos en la persona, no en la enfermedad.

Estas sencillas estrategias de comunicación efectiva no la van a sanar, pero pueden ayudar a mitigar o hacer más soportable, la soledad de dos en compañía, como suele ser la conviencia con un enfermo de Alzheimer.

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Mónica Oviedo Psicóloga en colaboración con Alejandro Sandoval Ingeniero Civil

Programa A.M.A.LabySalud